9.6.12

A Break (en la ocasión del fin semestral segundo)

Para todos los de la generación. Sí, todos.
En especial a algunos y a pesar de varios.

Ahora que hemos aprendido
de Chaucer y sus peregrinos,
de Spenser y sus descalabros,
de Wyatt y sus desatinos,
ahora que hemos descubierto
vías quaderna y appia juntas,
a Elizabeth y marabuntas
de sus courtiers sacrosantos,
ahora que hemos desvivido
nuestras vidas en ensayos,
nuestros ojos en lecturas
de poesía mala y de teatro,
ahora que sabemos todos
quien es Plath y quien es Surrey,
dónde está Constantinopla
y hasta el origen del curry,
ahora que hemos destinado
horas al estudio insano
de historias que son historias
y muy poco más que eso,
ahora que hemos atrancado
nuestras puertas por la noche
y ordenar nuestras ideas
u ordenar bibliografías,
ahora que hemos difamado
a Hamlet (no lo suficiente),
y apilado en nuestra mente
más de diez versos de Auden,
ahora que hemos entendido
las metáforas de Lorca
o incluso actuado una obra
ante un público expectante,
quizá sea el tiempo adecuado
de regresar al espacio
más vacío, más sosegado,
de nuestro ocio irreverente.

Ahora que hemos comprendido
cómo funciona la rima,
la consonancia que aviva
en un poema el sonido,
deberíamos retraernos
y juzgar con esos ojos
renovados, not-so-ingenious,
nuestros propios derroteros.
Ahora es tiempo de soltarnos
y probar más cosas nuevas,
o revisitar las viejas,
esas que hemos olvidado.
Ahora que Bishop y Sidney
han descrito los amores
y Larkin narrado errores,
ahora nos toca vivirlos.
Retornar a nuestros cuartos
y limpiarlos de papeles,
copias viejas que no usamos,
memorias de sinsabores.
Abstenernos totalmente
de aquellas cosas que odiamos;
del power-point, de los seises,
de la crítica y sus heces.
Ya que Beowulf ha arrancado
de su monstruo el brazo izquierdo,
podemos salir a las calles
y enfrentar a Grendels propios.
Como Sir Gawain hiciera
en los prados de Green Chapel,
ver los miedos frente a frente
y no huir desesperados.
Podemos leer libros nuevos
e incluso conocer gente,
podemos caer, levantarnos,
renegar de nuestra suerte,
podemos ser ilusorios
como fuera Wallace Stevens
o realistas encarnados
como el estimado Dickens.
                         
Tenemos un tiempo corto
para descansar relojes
y dormir hasta la tarde,
borrando nuestras ojeras.
Podemos por unos días
desayunar en familia
o jugar con nuestros gatos
o escribir cosas sencillas.
Pues todo esto que aprendimos
no nos hace a todos sabios
ni eruditos, ni maestros
de academia consumados.
Es apenas un fragmento
de lo que espera adelante:
tantos ocasos malditos
con albas correspondientes.
Pero las letras se viven,
no tan sólo se analizan.
Vivan estos días, respiren,
pues la calma es movediza.

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