29.7.12

Poema de amor onírico y desmoronado


En mis sueños sueles ir volando
bajo estrellas, sobre prados,
sueles ir iluminando cuevas
con un roce de tus rayos,
hay veces en que te escondes
tras los robles —sólo a veces.
Mas en otras ocasiones surcas,
redibujas, mis placeres.
En mis sueños sueles ser la nada
que yo amo, coloreada
de ribetes como un arcoíris,
tan eterna como uno,
indefinible y densa pero etérea,
nunca piel, sólo dulzura.
En mis sueños eres tierra blanca,
de esa que hay sólo en mis sueños,
y eres tierra y azadón a un tiempo
y las semillas traen tu esencia,
de esa esencia hipnotizante y pura
que no es Tierra, sino Luna.
En tus sueños suelo ser la isla
en que descansas, tan exhausta
de nadar sin balsa, de ese mar
que te desangra, suelo ser la roca
inmóvil, santa,
a pesar de mis pecados.
Y esos sueños suelen complacerme
más profundo que los míos,
son la miel de que me nutro y vivo
en este mundo, y este frío.
En tus sueños crees que soy la costa
inamovible, tersa y lisa,
un oasis entre la ceniza,
un bastión que paraliza
el tiempo, lo desliza
hacia el balcón y empuja,
y sólo quedan vivas nuestras vidas,
sólo enteras cuando siempre juntas,
como nunca y como desde siempre.
Y yo nunca he sido costa blanda,
más bien bulto de guijarros, dagas
falsas que en la piel se ensañan.
Mas de mí no sospechas, ya es ganancia,
quizá el estar contigo me haga serlo.
Si quieres que lo sea seré la isla,
y nunca volaré cual falsa aurora.
Y mientras sigas por mí despertando
yo seguiré por ti, mi soñadora.

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