21.7.12

Ventanales Num. 4


El árbol soportando al nido es negro,
tanto cómo el petróleo o el volcán,
o al menos lo parece desde adentro:
las ramas donde vienen a morar.

La madre quién protege no está ahora,
en casa sólo yace el gran cantor,
el crío, cuya juventud inquieta
da a su alma algunas gotas de valor.

Sube una rama y luego sube otra,
cada una con más brío y más vigor,
sabiendo que se escapa de la sombra.

Sabe que el primer vuelo no es bemol,
es su deber, tan duro como sea,
saltar desde las ramas hacia el sol.

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