2.9.12

370 (El silencio)


No me gusta tener este espacio tan silencioso, así que sirva esto como un pequeño grito de mi existencia. Ya soy una persona con muchos silencios adentro como para andar callando las cosas externas también. Estoy bien. En definitiva ese motor que me hacía escribir páginas amargas sobre mi vida se ha ido. Ahora tengo otras responsabilidades, unas mejor pagadas aunque no menos acuciantes. También me tengo a mí mismo, con un poco más de confianza que nunca, y eso siempre es bueno.

Hoy recomendaron el blog Inventario en la radio, y los comentarios me ponen orgulloso. También releí lo que llevo de mi novela y la encontré bastante divertida. Es curioso, porque a menudo esculco los cajones de este espacio sin encontrar muchas motas de humor. En Inventario las hay más a menudo, pero creo que es en esa obra incompleta en donde más se nota que puedo tener un lado que no se toma tan en serio la melancolía, o que por lo menos la entreteje con observaciones más ligeras. Lo terrible es que no sé si algún día la termine. Casi no tengo tiempo para ella y siendo tan joven corro el riesgo de despertar un día —habiendo leído y escrito más— y encontrarla ya no tan buena. Espero que no. Espero que no se pierda en la Irrelevancia que lleva en el título.

Creé un blog nuevo, aunque no creo que vaya a ser muy activo. Se llama Audiorama, y trata de hablar de música de un modo distinto, un poco más analítico e indagatorio que los simples “se parece a x” o “x álbum era mejor” que tantas veces están en las revistas. Es curioso cómo ahora que mi ser se ha estabilizado un poco por dentro puedo concentrarme en las cosas que voy a hacer o dejar de hacer. El mundo se vuelve un poco más terrenal, menos ensimismado y menos oscuro. Tengo deberes de muchos tipos, y no puedo permitirme abscesos de tristeza muy frecuentes o muy largos.

Este mes habrá una o dos entregas de microcuentos, quizá algún poema o traducción, y otro texto personal que será la secuela al primero que publiqué: Rosario. El barrio ha cambiado muchísimo desde que escribí esa pieza, y sin embargo en esencia sigue igual; en construcción, varado. Ya les describiré todo cuando llegue el momento. Es bueno escribir sin ataduras estilísticas o académicas por un rato. Sin obligación de nada. No sólo es relajante, sino que te ayuda a comprobar si tu alma todavía está allí. Creo que la mía sigue intacta, pero sus sentimientos más arduos están en relativo reposo, y por tanto mi producción artística quizá no sea tan rápida. No tengo problema con esto, ser un genio torturado es demasiado cliché. Hay personas mucho más talentosas que yo, y también las hay con vidas más duras. Esa es una batalla que no puedo ganar. Pero en el reposo también se puede hacer algo productivo: trabajar, perfeccionar un estilo, llevar la vida a buen puerto. Podría tirarme a la depresión por cualquier estupidez como lo hacen muchos o como lo hice yo antes, pero la verdad ya no es quien debo ser. No es maduro, ni sano.

Prefiero vivir bien, leer mucho y amar todo lo que merezca ser amado. No soy una persona alegre, mi sociabilidad todavía tiene fallas importantes. Pero tengo música cuando quiero, y silencio también, y sabores gratos, y aromas que me traen a alguien. Eso es suficiente para que un tipo desganado se levante cada día a vivir un rato. Es suficiente para mí.

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