20.10.12

Lejanía.


A mis libreros.

Me hablas de otros tiempos y otros sitios;
lugares inmortales —negros, blancos—
todos encarnaciones de este mundo
en otra hora, pero tan imposibles
de invocar de cuerpo entero por el medio
imperfecto, flaco, de una imaginación
apabullada, que se pierden, como barcos,
en la niebla avejentada de los años.
Y me hablas de Paris y de los Alpes
como si yo paseara por sus calles:
me nombras seres, plazas, ríos, aves;
olvidas que no he visto ni postales,
que veo caminos nuevos, y que cargo
metálico teléfono en el suéter.
Seguiré tratando, sin embargo,
puesto que me compongo de tus mundos.
Tú —el amigo lejano cuyas cartas
no pueden llevar a los sitios que describen.
Yo —iluso que traga ávido las letras;
letras que nombran todo lo que tengo.

2 comentarios:

  1. yo, saboreando lugares inmortales que me describe y no soy capaz de ver, aunque quiera, volteo a la realidad y es imposible que no duela, que no "algo".

    ResponderEliminar
  2. Así es, pero bueno, uno quiso ser amante de la ficción...

    ResponderEliminar