23.12.12

305 (Sobre el alma de poeta)

Tengo problemas para creer, de verdad, cuando alguien menor --digamos-- a 23 años dice 'ser escritor'. Ésto podría parecer una injusticia, primero que nada, y para algunos ojos podría constituir una verdadera incongruencia, puesto que yo también escribo. Pero no es en el acto de escribir en el que hallo falta; es en el de autonombrarse 'escritor' o, peor aún, 'poeta'. Si bien escribir es un acto soberanamente humano, y todo lo humano tiene una inevitable carga de ego, llega un punto en que muchas personas poseen más personalidad de poeta, o deseo de serlo, que poesía de verdad fluyendo por su torrente sanguíneo  Poesía de verdad: qué frase tan extraña, tan elusiva. Pero a pesar de su ambigüedad  hay ciertos elementos que resultan, incontrovertiblemente, parte de todo lo que pretenda ser poesía verdadera, o tan siquiera competente. Los púberes autoproclamados 'poetas' no siempre son por completo faltos de talento. Esa no es mi tesis. Sin embargo, un número alarmante de ellos presenta defectos de redacción y entendimiento del lenguaje que obstruyen la idea poética dentro de sus seres. Y lo que es peor, han encontrado --en nuestro mundo cibernético, lleno de amistades huecas y amores platónicos-- un ambiente que les permite creer que su obra es perfecta, pulida, o en las palabras de alguna aduladora perdida que leí por ahí, "genial". Eso les lleva a no mejorar, quedándose indefinidamente en ese espacio, un pequeñísimo estanque, donde a todos parece agradarles lo que hacen. Es necesario, entonces, encontrarlos y exponerlos. No del todo como un acto de crueldad (aunque sí como escarnio), sino también impulsados por un deber hacia la dignidad de la escritura, de la lengua.

Algunos piensan que me burlo de otras personas que escriben por pura diversión, por una irrefrenable arrogancia. Que me divierto es verdad, pero no porque yo pretenda ser un semidios de la redacción y el estilo; más bien es recreativo observar a alguien construirse un castillo de naipes, engañado por las palabras bonitas que oye de otros labios, y notar que sus estructuras ceden a la menor provocación. Hay algo de ridículo en alguien que cree fervientemente en la inusitada valía contenida en su obra, sólo para destruir su fachada públicamente al hablar sobre "las chicas 'de' mi alrededor" o escribir 'por qué' separado cuando se nombra una razón, no se pregunta por ella.

También hay personas que piensan incorrecto de mi parte el perseguir a los bandidos lingüísticos con tanto rigor: sostienen que la lengua pertenece a esos hablantes comunes. Tienen razón en ello, y no hay duda en que cualquier idioma se nutre tanto de estudios académicos como de expresiones coloquiales desarrolladas espontáneamente por la sociedad. Cada estrato social tiene su dialecto, y cada uno puede ser tan complejo y literario como los demás. ¿Acaso no Dickens y Zolá se deleitaban en escribir coloquialmente, violando ortografía y estructura con un fin artístico? Sí, pero ellos eligieron usar esa forma del lenguaje; no incurrieron en ella por ignorancia. Además, nuestros poetas autoproclamados no quieren usar un lenguaje coloquial o desviado de la norma --todo lo contrario. Lo que ellos buscan, y esto puede leerse simplemente en su actitud solemne y presuntuosa, es crear poesía o narrativa del más alto calibre estético. Escritura que se codee con la de los grandes, y que sea, ante todo (pues esto probaría su talento y madurez) refinada. El dialecto que ellos eligieron es el más formal, el más adornado, el más tradicionalmente literario. El problema es que no saben usarlo:

Ella estaba de espaldas a mi evidentemente desagradada mirada. Llevaba apenas dos minutos estando a bordo del metro, justo delante de la doble puerta que se abría mecánicamente en cada estación.

En esta ocasión, nuestro joven escriba comete graves errores de estilo con respecto a verbos, adverbios y adjetivos, si bien demuestra tener un manejo adecuado de puntuación y sintaxis  En la primera oración no hay nada que sea incorrecto 'per sé', mas creo que la mayoría de nosotros acordará que "evidentemente desagradada mirada" es una expresión grotesca tanto en sonido como en pomposidad. El ritmo de las palabras cae en una tonadita insoportable durante las últimas cinco sílabas, en las que 'da' parece repetirse sin cesar. La segunda oración también es incómoda, esta vez debido al verbo 'estando', el cual resulta totalmente innecesario y deja al lector con una noción clara del escritor inexperto, que mete palabras en donde no son llamadas. Aparte de eso, y aunque es un error menor en comparación, el adverbio 'mecánicamente' es --a mi parecer-- superfluo. Todas las puertas abren mecánicamente, quizá a excepción de las giratorias, que nunca abren del todo. Si lo que el escritor quiere hacer notar es el sonido mecánico que produce la puerta del subterráneo (que, por cierto, es una palabra mucho más linda que 'metro'), debería decir eso: la puerta que abría con un gruñido mecánico en cada estación. Esto resulta más particular, más vívido, y crea una imagen en la cabeza del lector, en vez de inflar la oración con palabras frías e inútiles. Si lo que quiere resaltar es que no se necesita empujar la puerta para abrirla, el adverbio correcto sería 'automáticamente', aunque ésta no es una palabra muy bonita que digamos.

Otro ejemplo, de otro autor:

Amigos de ocación
Solo la ocación los llama
Los recuerdos que en mi cabeza nacieron
no llegaron a ser reales
solo contribuyen a mis fantasías

Primero que nada, tenemos un craso error de ortografía, que ni siquiera nombraré. No hay puntuación, pero eso forma parte del estilo del autor, que hace un buen trabajo al dividir sus versos de modo que el argumento progrese claramente. Sin embargo, las últimas tres líneas --libres de fallas gramaticales u ortográficas-- están poéticamente muertas. ¿Por qué? Por el uso de la palabra 'fantasías'. Esto demuestra lo frágil que es la construcción del discurso poético, qué cuidadoso debe ser el poeta en la elección de sus palabras, cuán importante es ser creativo en tal elección. Aquí, nuestro escritor #2 toma el camino fácil, elije no construir una imagen completa, descriptiva, viva, de sus fantasías. Sólo las nombra. No sabemos si quiere matar a alguien, si sueña con tigres verdes o si piensa en abrir una tienda de muebles. Sólo sabemos que algo que no es real es fantasía, y eso, por supuesto, ya lo sabíamos. Esa es la definición de fantasía. Al tratar, quizá, de ser conciso o de usar una palabra linda, el autor logra no decir absolutamente nada a sus lectores. ¿Y con qué crítica fue recibida la pieza? Con ésta:

waoo hermanito cada vez me sorprende más la profundidad poemas, eres un grandioso escritor n,n

El poema fue publicado en Facebook como una nota, y por lo tanto eso de arriba es un comentario. Ya podrán adivinar que nuestro autor le dio like. Por supuesto que te gusta, pensamos. Son comentarios huecos como ese, llenos de lisonja y admiración prematura, los que nutren el alma bohemia de personas como las que nos atañen. Y es un círculo vicioso, puesto que los reciben (los comentarios) y eso les invita a seguir produciendo del mismo modo (los poemas). Escribir se vuelve así un acto estático; el autor ha encontrado un nicho cómodo, y no siente necesidad de crecer, de intentar cosas nuevas. No hay mejora, y la obra se queda estancada en un periodo de eterna adolescencia.

No espero que los poetas y escritores adolescentes, en todos sentidos, se resbalen del planeta y se esfumen. Es evidente que la juventud de estos autores y otros trae consigo un impulso férreo a creer que uno siempre está bien, o que las aburridas reglas son para romperse, o que la opinión externa no importa mientras uno tenga a sus amigos para apoyar. Eso es una inclinación natural, imposible de prohibir. Poesía defectuosa ha existido siempre, tal es el destino de todo arte que se basa en las sutilezas del alma, lejos de cánones absolutos y rígidos. Mas comentarios críticos como el presente podrían despertar en algunos autores jóvenes el ansia de mejorar, de pulirse, de no quedar cortos. No serán todos, pero serán, quizá, suficientes. Lo que se debe buscar no es perseguir a todos quienes no escriban con estilo formal impecable, sino ayudar a quienes buscan hacerlo; a quienes tienen el deseo de ser poetas elevados pero no han encontrado la técnica para exprimir, o acariciar, a su musa.

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